Odontología LowCost o FairCost

¿ODONTOLOGÍA LOW COST O FAIR COST?

El otro día estaba viendo la televisión y en uno de los bloques de anuncios a los que presté atención consciente (los publicistas los hacen para que funcionen aunque no les prestemos mucha atención) pasaron una serie de tres anuncios sobre webs dedicadas a la comparación de precios de habitaciones de hotel y de apartamentos de vacaciones.
La premisa era similar, conseguir lo mismo de la forma más barata posible.

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Las webs te facilitan la comparación entre diversos proveedores, cada uno de los cuales oferta un precio.

Creo que esto es legítimo y es una de las bases de la economía de mercado. En esta sociedad, donde impera la ley del “low cost” y donde queremos, o creemos, que todo tiene que ser lo más barato posible sin pararnos a pensar demasiado en cómo y a costa de qué o quién se consiguen bajar esos costes, la comparación de precios del mismo producto, se ha vuelto habitual y todos la hacemos de una u otra forma.

Todos sabemos que no hay dos personas sentadas en un avión que hayan pagado el mismo precio por el billete.
Ahora bien, lo que puede ser más o menos recomendable en unos sectores, sobre todo cuando hablamos de productos, puede no serlo en otros.

Más aún, cuando hablamos de servicios y dentro de estos, de los servicios sanitarios.

La valoración del servicio, debería realizarse desde el momento de contacto con la clínica, bien sea por la web o telefónicamente.

Aspectos tales como el tiempo que se tarda en responder al teléfono, cómo se responde, facilidad para concertar una cita o tiempo de espera en esa primera cita, nos orientan sobre la calidad del mismo.

Además, debemos tener en cuenta otras variables como el estado y limpieza de las instalaciones, uniformes e identificación del personal, medidas higiénicas y de esterilización, calidad de materiales empleados, cumplimiento de normativa en cuanto a protección de datos, recogida de residuos, plan de seguridad radiológica y de prevención de riesgos, trato recibido tanto por el personal auxiliar y de recepción como por los dentistas, etc.

Sin duda la formación y experiencia del dentista será determinante a la hora de tomar una decisión.

Y además… el precio.

La comparación de precios de servicios debe hacerse, pero valorando el servicio globalmente.

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No es lo mismo comer un filete en un restaurante con una terraza sobre el mar, con mesas amplias y separadas entre sí, con una cubertería y vajilla de diseño, con manteles de hilo, música ambiental adecuada y atendidos por unos camareros de profesionalidad contrastada, que hacerlo en un bar de carretera con autoservicio donde las moscas revolotean alrededor de los comensales que se apretujan en unas mesas con manteles de papel.

No es lo mismo, y el precio tampoco. Independientemente de que el filete sea de la misma ternera.

Cada uno es muy libre de tomar sus propias decisiones pero por muchas innovaciones publicitarias y de marketing con las que nos bombardeen, el refranero español sigue estando actualizado y es que “nadie da duros a cuatro pesetas” y “lo barato sale caro”

Quizás mejor que “low cost” lo que deberíamos buscar es el “fair cost” o como decía aquel concurso, el precio justo.

Angel Lorenzo Sáez
@clinicacorbal
Dentista en Clínica Corbal